Rvda. Madre Domitila Hunnees Gana
Fundadora

La Madre Domitila Hunneeus Gana, nació el 4 de Junio de 1874; que aquel año coincidió con la fiesta del Corpus Christi; en el seno de una numerosa y distinguida familia de Santiago de Chile, siendo la séptima de los once hijos que tuvo el matrimonio.

Educada en el Colegio que las Religiosas del Sagrado Corazón que acababan de abrir en Santiago. Se distinguió por su aplicación, mostrando un gran amor al estudio que le resultaba fácil por el excepcional talento de que había sido dotada. Además aprendió con entusiasmo piano, idiomas y pintura.

En el Colegio y en su propio hogar, aprendió desde niña a conocer y amar al Corazón de Jesús y con su alma delicada y vibrante se entregó a Él desde jovencita.

Tenía 14 años cuando murió su papá al que quería mucho. Desde entonces su vida se orientó hacia Dios; no tenía otro deseo que el de consagrarse a Él por completo; su vocación fue contrariada por su mamá, quien a pesar de ser tan piadosa, le negaba el permiso para hacerse religiosa.

En espera de poder realizar su vocación se dedicó a las obras de caridad; con dos de sus hermanas fundó la obra de las “OLLAS INFANTILES” para las Escuelas Católicas de Santo Tomás de Aquino para niños pobres. ¡Cuántas penas y humillaciones le costó!, pero el éxito fue grande, y logró dejar establecida esta obra en 17 escuelas.

En el año 1920, en un viaje por Tierra Santa, junto a su gran amiga Sra. Amalia Errázuriz de Subercaseux, ésta la insta a fundar una Congregación de Apostolado con los pobres, para lo cual le regala un anillo de oro como un aporte económico para la obra.

El 16 de Enero de 1921 el Papa Benedicto XV la recibió en audiencia, alentó y bendijo el proyecto de fundación.

En una humilde casita en la calle Carrera Nº 62 de Santiago de Chile, se inició la Fundación de Betania, celebrándose la primera misa el 8 de Septiembre de 1922. Presidida por el Rvdo. Padre Damián Symòn Lorca SS.CC, en la homilía con voz fuerte y paternal dice "HOY NACE BETANIA". La Madre Domitila se distinguió por un gran espíritu de oración y un amor delicadísimo al Corazón de Jesús. Alma recta y sencilla, sumamente veráz, cumplía sin rodeos ni debilidades lo que creía ser la voluntad de Dios, distinguiéndose por su completo abandono al divino querer.

El año 1947 viaja a España, ya delicada de salud, dejando acá en Chile su familia y amigos. Después de casi cinco años de invalidez, por la que renunció al cargo de Superiora General, y víctima de grandes dolores, muere el 9 de Octubre de 1955 en Barcelona. Dejó este mundo tranquila y serena, lo que queda reflejado en la respuesta que le da a una hermana que le pregunta si no temía a la muerte: "No, ¿por qué he de temer el encontrarme con el Corazón de Jesús si le he amado siempre?".